Al reintegrarse a su puesto de
trabajo como asesora de ventas en la sucursal central de compañía de
telecomunicaciones en Tucumán, luego de haberse tomado licencia por maternidad,
una joven mujer denunció, después de unos meses, que comenzó a padecer todo tipo
de represalias y tratos denigrantes por parte de su jefa directa. Como
resultado, cayó en una espiral de angustia, a tal punto que debió dejar de
trabajar por prescripción médica. El 7 de julio de 2014, cansada de reclamar y no
obtener respuestas por parte de las autoridades de la empresa, la joven
empleada se animó a presentar una queja formal ante la Secretaría de Trabajo
de Tucumán.
En los
ambientes de trabajo, estos juegos perversos de abuso de poder son más
frecuentes de lo que muchos imaginan. El problema es que muchas veces las
agresiones y los malos modos son naturalizados, silenciados, y pasan a formar
parte de las reglas tácitas aceptadas como parte del contrato laboral. Pero hay
un cambio, y las empresas deben tomar conciencia de que el maltrato laboral
puede traer consecuencias graves para la compañía. A diferencia de otros países
como Suecia, que fue pionera al establecer en 1992 una ley contra el
hostigamiento en los sitios de trabajo, la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires recién se atuvo a darle un marco normativo a la problemática en 2013 a través de la ley 1125
contra la violencia laboral.
Comenzaron a
surgir entonces iniciativas gubernamentales para concientizar sobre el
fenómeno, y el 30 de junio pasado el Ministerio de Trabajo presentó un manual
para empresas que alerta sobre cómo proceder ante la detección de un problema
de este tipo. Algunas de sus recomendaciones son: averiguar si el problema se
extiende a otros trabajadores de la organización; adoptar las medidas para que
cese esta situación; cuidar y proveer un espacio de escucha para los
trabajadores; fomentar la conciencia sobre los riesgos y consecuencias de la
violencia laboral, y elaborar políticas y planes para combatir este problema,
entre ellas, la capacitación de los mandos superiores y medios.
El en su momento ministro de trabajo Carlos
Tomada, firmó un acta de compromiso con 17 nuevos sindicatos por "trabajo
digno sin violencia laboral", quienes se sumaron a las 112 organizaciones
laborales que ya lo habían suscripto previamente.
Mobbing es un
anglicismo que refiere al acoso psicológico reiterado y sostenido en el tiempo,
que produce daños agudos en la salud física, psíquica y emocional de la
víctima. Es la manifestación más habitual de la "violencia laboral",
según Patricia Sáenz, quien fuera titular de la Oficina de Asesoramiento
de Violencia Laboral (OAVL) del Ministerio de Trabajo" del gobierno
Kirchnerista.
Hay
hostigamiento psicológico cuando una persona le ordena a otra tareas humillantes,
cuando la ningunea y actúa como si no existiera, cuando no le otorga
responsabilidades,
cuando la descalifica delante de otros, cuando difunde rumores
agraviantes acerca de su intimidad, cuando le echa la culpa de cosas que
no hizo, cuando la somete a todo de tipo de burlas o le propina gritos
desmesurados. "Se produce un cuadro similar al del estrés, pero éste
va in crescendo a medida que avanza el proceso de violencia que se
padezca", afirmamos aquellos abogados laboralistas y/o expertos en
violencia laboral.
A la larga,
los trastornos psicofísicos no tardan en llamar a la puerta del organismo de
los trabajadores. Estrés, depresión, insomnio, aislamiento, dolores posturales
y cervicales, cefaleas, dolores gastrointestinales y todo tipo de
manifestaciones psicosomáticas son los visitantes no deseados que se meten sin
pedir permiso en el cuerpo de las víctimas.
"El
bossing se presenta cuando la conducta disvaliosa es ejercida por el jefe hacia
sus subordinados", argumenta la doctora en Derecho y profesora universitaria
Miriam Ivanega. "También puede darse entre pares porque el poder circunda
más allá del cargo", acota la Dra. Sáenz.
La división
jerárquica de los roles en una oficina son el caldo de cultivo perfecto para
que personas con inclinaciones déspotas no tarden en ponerle la bolilla negra a
su nueva víctima, con quien se obsesionan. "Toda forma pasiva implica en
definitiva complicidad y permisividad. La falta de solidaridad,
desafortunadamente, puede generar una cultura de la violencia
institucionalizada, que en consecuencia produce un ambiente laboral
envenenado", apunta Treviño Ghioldi.
¿Qué hacer?
De acuerdo con
las estadísticas de la OAVL ,
a partir de una muestra aleatoria de 300 consultas recibidas en 2014, el 69% de
los consultantes eran de sexo femenino y apenas el 31% masculino. El mismo
sondeo da cuenta que el 61% de los acosadores denunciados son hombres y 39%
mujeres.
Cuando la
víctima de mobbing se asume como tal, lo normal es que salga a pedir ayuda. Lo
primero que debe hacer el acosado "es informarle fehacientemente a su empleador
de la situación a los efectos de que adopte las medidas internas y/o judiciales
que correspondan". De no arbitrar los mecanismos impeditivos de las
conductas reprochadas y notificadas de manera fehaciente, toda la cadena de
mandos es solidariamente responsable con el victimario por las consecuencias
del acoso laboral.
Simultáneamente,
la víctima puede realizar gestiones para recibir asesoramiento en asociaciones
sindicales o en oficinas públicas. La Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral (OALV)
se encarga particularmente del abordaje
de casos de violencia laboral. Allí, un equipo interdisciplinario compuesto
principalmente por psicólogos y abogados se ocupaba de escuchar cada caso, y de
mediar confidencialmente entre las partes para resolver la situación.
Un caso de
mediación exitosa por parte de la
OAVL es el de Jorge, un empleado bancario de 38 años que
luego de diez años de trabajo in-interrumpido en el mismo banco privado, tuvo
que atravesar una dura situación de violencia laboral. "Cuando cambiaron
los gerentes de la sucursal, comenzaron a restringirme tareas y me sacaron a
los clientes más grandes", relató Jorge, que como corolario comenzó a
experimentar dolores de estómago, contracturas fuertes y mareos, que lo
llevaron a pedir licencias con bastante frecuencia. "Eso empeoró las cosas
porque a raíz de mis ausencias se justificaba el continuar desplazándome. No me
convocaban a reuniones, ni me incluían en proyectos. Sentí que mis compañeros comenzaban
a evitarme", evoco. Tras la intervención de la Oficina , sus superiores le
ofrecieron cambiar de sucursal conservando su cartera de clientes. "Se
tomaron medidas que mejoraron mi situación y el ambiente de trabajo. A partir
de dicho cambio mejoró mi salud", señalo.
De acuerdo con una encuesta
desarrollada en el primer semestre de 2014 –últimos datos chequeables- el 73%
de los casos con intervención de la
OALV obtienen una respuesta positiva para la víctima,
mientras que un 23% resultaron desvinculadas, ya sea por renuncia, acuerdo de
desvinculación o despido. El expediente que elabora la OALV les sirve a las empresas
para despedir con causa justa al agresor, y a la víctima como prueba en caso de
que decida ir a juicio.
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