A propósito de las acciones de ayuda solidaria que por estos días se multiplican, les dejo este
breve comentario:
Según el diccionario de la Real Academia Española el término AYUDA,
tiene el significado –entre otros- de: Acción y efecto de ayudar.
De acuerdo con el
mismo diccionario, el término SOLIDARIO/A tiene –entre otros- la
siguiente definición: Adj. Der. Que
permite a cada uno de los acreedores reclamar por sí la totalidad del crédito,
o que obliga a cada uno de los deudores a satisfacer la deuda entera sin
perjuicio del posterior abono o resarcimiento que el cobro o el plazo
determinen entre el que lo realiza y sus co-interesados.
El sentido primordial de la SOLIDARIDAD supone que se desarrolla
sin distinción, límites o condicionamientos de sexo, raza, nacionalidad,
religión ni de filiación política y, su única
finalidad solo puede apuntar al ser humano en estado de necesidad.
Por nuestras latitudes el uso del término SOLIDARIDAD, se ha ido
desvirtuando o manoseando de manera tal, que se utiliza burdamente en el discurso
político y también de manera sostenida y marcada por el marketing
solidario.
Entiendo –desde mi verdad relativa- que la SOLIDARIDAD es
ayudar a alguien sin recibir nada a cambio y sin que nadie se entere.
Ser solidario es, en su esencia, ser desinteresado como persona humana o
ideal. Es probable que –merced al capitalismo salvaje- no estemos olvidando que la SOLIDARIDAD se caracteriza
por el movimiento y convicción de justicia e igualdad.
Precisamente, es en esta Semana Santa que viene a cuento
remitirnos a la teología cristiana, que, fue quien adoptara primariamente -en esta
era-, a la SOLIDARIDAD al referirse a la sociedad de todos los seres humanos,
iguales entre sí por ser hijos de Dios y unidos en los vínculos de una
sociedad.
Recordemos como dice el Papa Francisco, que la primera
comunidad cristiana se basaba en este concepto y en ella, la fraternidad era
fundamental, impulsándolos a buscar el bien de todos los que formaban parte del
grupo.
Desde el punto de vista filosófico de la concepción
cristiana de una sociedad, la SOLIDARIDAD es la forma en la que debe
organizarse política y socialmente un grupo, donde el fin principal es el bienestar de todos y cada uno de los
individuos que lo conforman.
La SOLIDARIDAD es el elemento fundamental para conseguir un
desarrollo de la doctrina social sana y, debe ocupar siempre un sitio especial. El bien común, la autoridad y la subsidiaridad son además
los fundamentos de toda filosofía social, sin ellos, una sociedad no podría
jamás encaminarse a un fin de provecho colectivo.
Por otra parte, la ciencia del Derecho utiliza este
término para referirse a un individuo enmarcado en un grupo jurídicamente
homogéneo, con bienes y derechos unívocos. En este caso, la SOLIDARIDAD incluye
una alta responsabilidad de cada individuo con respecto al todo. Ello
implica que la SOLIDARIDAD también es fundamental para que una sociedad pueda
progresar, pues, es el modo en el que derechos y obligaciones se equilibran y
se encuentra la armonía.
Desde hace un tiempo a esta parte y en el presente
primordialmente –Pandemia de por medio-, la frase AYUDA SOLIDARIA ha cobrado una dimensión social globalizada.
La posibilidad de comprender lo que ocurre en todos los rincones del planeta y
las relaciones entre los diferentes países, y entre diferentes comunidades ínsitas
en los mismos, ha llevado a crear una conciencia social colectiva, donde
las personas solidarias son aquellas que luchan contra las injusticias sociales
en cualquier aspecto (la pobreza, el hambre, la discriminación sexual, etc.) en
pos de un mundo más unido y pacífico.
Pero es necesario aclarar que la AYUDA SOLIDARIA hoy en día no está comprendida como una
frase religiosa, sino que tiene que ver con la naturaleza misma de la especie
humana, porque en ella se ve reflejada la idea de vida social, de hermandad y del
propio sentido de sociedad toda.
Entonces, debemos comprender que la AYUDA SOLIDARIA no es un
accionar reservado a los –supuestos- virtuosos, sino, que es una tarea para todos
los seres humanos cualquiera sea la comunidad que habitemos y fundamentalmente
de manera desinteresada.
Para que este término se haga real, es estrictamente
necesario que existan cuatro componentes: la compasión, (que resulta necesaria
para acercarse a la realidad humana y social, de manera de empatizar con los
dolores y carencias de los otros); el reconocimiento, (ya que sólo
reconociendo la dignidad humana en los otros la compasión cobra un tinte
solidario); la universalidad (puesto que la indefensión y la
indigencia son las cualidades que pueden permitir reconocer la condición
fundamental de todo ser humano que adquiere universalidad en la vida en
sociedad) y, el desinterés, (que pueda evitar la obtención un beneficio a cambio de la supuesta ayuda).
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