domingo, 13 de noviembre de 2022

LOS ROBOTS NO PUEDEN SER ABOGADOS/AS

Hace ya algunos años que se especula con la llegada de la Inteligencia Artificial a nuestras vidas y en cómo afectaría a la sociedad? Pero HOY, esta esperada tecnología ya está entre nosotros y ahora nos toca adaptarnos a ella lo antes posible. Rápidamente pero con inteligencia humana..!

 

La Inteligencia Artificial tiene la capacidad de cruzar y evaluar datos y tomar a partir de allí, decisiones en función de los parámetros con los que haya sido configurada, esta “herramienta” permite automatizar infinidad de procesos y avanzar de forma mucho más ágil a las empresas y personas humanas, ¿pero qué ocurre de ahora en más con la Inteligencia Artificial en el Derecho?

 

A mi criterio se ha abierto un nuevo mundo de posibilidades, pero también una nueva serie de problemáticas que debemos saber abordar desde la óptica apropiada. Para ello se hace necesario aprender nuevos conceptos jurídicos y nuevas formas de actuar acordes con esta nueva realidad tecnológica y legislar en consecuencia.

 

Al igual que ha ocurrido con otros muchos tipos de tecnologías, la IA llegó a nuestra realidad mucho antes de que existiese un marco legislativo en el que poder encajarla. Esto ha hecho que muchas instituciones que han empezado a utilizarla en su provecho, tanto públicas como privadas, no sepan a ciencia cierta dónde están los límites de esta provechosa herramienta, o qué cosas se pueden hacer y qué otras no con ella.

 

Por otro lado, nos hallamos ante la posibilidad del surgimiento de diversos problemas éticos, ya que no dejamos de hablar de una compleja estructura tecnológica con capacidad de tomar decisiones que influirán sobre las vidas de las personas.

 

Una responsabilidad así no puede –ni debe- dejarse únicamente en manos de la citada tecnología, y menos aún en las de quienes la programan. De ahí la importancia de generar recursos de Inteligencia Artificial en el Derecho.

 

La importancia de imponer límites justos para todos y de poder defender o condenar a los responsables finales de actos y hechos que no pueden quedar únicamente a expensas de lo que decida un aparato programado, por muy avanzado que este sea.

 

Pensemos por ejemplo ¿Cómo determinar quién es el responsable de un accidente protagonizado por un vehículo autónomo que ha tomado una decisión desacertada y ha provocado un siniestro? ¿Quién y cómo determinar las responsabilidades de un sistema de riego que no ha detectado con corrección las necesidades de agua de un terreno y ha terminado anegándolo o no aplicó el riego correspondiente?

 

Existen muchos tipos de casuísticas que pueden darse con la aplicación de la Inteligencia Artificial, algunos incluso difícilmente imaginables a día de hoy. De ahí la necesidad no solo de saber cómo reaccionar desde el Derecho, sino también de saber cómo anticiparse.

 

La principal razón por la que la tecnología (IA) no puede reemplazar a los abogados/as es, que la  práctica de la abogacía requiere de un conjunto complejo de interacciones entre los seres humanos.

 

La inteligencia artificial y el aprendizaje automático aún no pueden imitar estas interacciones de persona a persona y si bien la tecnología puede automatizar muchas tareas que realizan los abogados, no automatizará a los profesionales abogados.

 

Si bien la tecnología ha afectado las interacciones de los abogados de manera que permiten cierta automatización de algunas de estas tareas, lo cierto es que  la gran mayoría de las interacciones personales de los abogados/as siguen requiriendo espontaneidad, comunicación no estructurada e inteligencia emocional.

 

Inteligencia emocional, pensamiento lateral, comunicación no estructurada y análisis socio-filosófico cultural que la (IA) no puede aún suplir, aunque muchos profesionales con los que interactúo ya se predisponen para una derrota antes de presentar batalla.

 

Para todos y todas digo, la única pelea que se pierde es aquella que no se da.  

 

 

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