“Con más cárcel no solucionamos el problema”
La antropóloga Rita Segato estudia las violaciones y lo que se pone en
juego cuando un hombre viola a una mujer. A partir del femicidio que conmovió
al país, reflexiona sobre el fenómeno y rechaza las alternativas punitivistas
que se renovaron política y mediáticamente esta semana.
Cuando empezó a trabajar con los
presos, Segato pensó que sería una situación excepcional y pronto abandonaría
el tema. Luego de plasmar su experiencia y sus análisis en el libro Las
estructuras elementales de la violencia, publicado en 2003, fue invitada para
aplicar su modelo de “la fatria masculina”, del club de hombres, al caso de los
femicidios en Ciudad Juárez. Y pensó también que estaba ante un caso
excepcional, raro, que rápidamente ese tema iba a desaparecer de la historia.
Pero no sucedió.
Ahora siente una tremenda frustración porque no consigue
abandonarlo. “Es de una fatiga y de una amargura extraordinaria saber que desde
entonces solamente el tema crece”, sostiene Segato. En 2016, fue perita en el
histórico juicio de Guatemala, en el que se juzgó y condenó por primera vez a
miembros del Ejército por los delito de esclavitud sexual y doméstica contra
mujeres mayas de la etnia q’eqchi de una aldea en Senur Zaco, en el conflicto
armado ocurridos en los años ‘80. Hubo 14 peritajes; ella hizo el antropológico
y de género. Hoy mira con tristeza y amargura la escalada de violencia machista
contra los cuerpos de jóvenes en la Argentina. Cuenta
que el martes, cuando escuchaba los testimonios de chicas en la Plaza de Mayo, reunidas para
“abrazar a la familia” de Micaela, “de repente parecía que hablaban de una
sociedad islámica fundamentalista, cuando mencionaban las imposiciones de
vestimenta y de horario para ausentarse del espacio público”. Y advierte sobre
el riesgo de que se instale “una mentalidad moralista, como la que tienen todas
las religiones. Son políticas basadas en el control del cuerpo de la mujer, en
su opresión”.
Vive en Tilcara, pero en los próximos días estará por Buenos
Aires para dar una conferencia, en una actividad organizada por el sindicato de
La Bancaria.
Sus palabras ayudan a entender un tema complejo, difícil,
doloroso. La clase política no parece estar a la altura para debatir cómo
enfrentarlo. Las salidas fáciles se imponen: en el Senado se reflotó un
proyecto con media sanción de Diputados para eliminar el beneficio de la
libertad condicional a condenados por violación y otros delitos, mientras el
Gobierno desguaza el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, sin que
ningún legislador se escandalice.
La antropóloga, investigadora del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas de Brasil, explicó sus conceptos. “La libertad de
existir está en riesgo para las mujeres. Mi hija no puede tener la libertad de
circulación como tuve yo. La violencia contra las mujeres de la forma que la
estamos viendo en la
Argentina es un síntoma de un momento del mundo, es un
momento desesperado por varias razones, un momento en el que hay un poder de
dueños, es una época de ‘dueñidad’. Hay en el mundo contemporáneo figuras que
son dueñas de la vida y la muerte. Eso irrumpe en el inconsciente colectivo en
la manera en que los hombres que obedecen a un mandato de masculinidad, que es
un mandato de potencia, prueban su potencia mediante el cuerpo de las mujeres.
En el mundo entero hay problemas con la violencia de género pero en nuestro
continente cada vez más controlado por formas paraestatales de control social y
de la vida, por formas no exactamente regidas por la ley, eso se expresa en la
vulnerabilidad de la vida de las mujeres”, dice Segato.
–¿Qué busca el violador?
–Las relaciones de género son un campo de poder. Es un error
hablar de crímenes sexuales. Son crímenes del poder, de la dominación, de la
punición. El violador es el sujeto más moral de todos: en el acto de la
violación está moralizando a la víctima. Cree que la mujer se merece eso. Los
jueces, los abogados, los legisladores, no están formados, no tiene educación
suficiente para entenderlo. Lo que sucedió con Micaela, con Lucía Pérez en Mar
del Plata, son ataques a la sociedad y a la vida en el cuerpo de la
mujer. Es un error, que el pensamiento feminista eliminó hace muchísimo tiempo,
la idea de que el violador es un ser anómalo. En él irrumpen determinados
valores que están en toda la sociedad. Entonces, nos espantamos y el violador
se convierte en un chivo expiatorio pero él, en realidad, fue el protagonista
de una acción que es de toda la sociedad, una acción moralizadora de la mujer.
No es con más cárcel, mucho menos con su castración química, que vamos a
solucionar el problema. La violación no es un hecho genital, es un hecho de
poder. Puede realizarse de forma genital y de muchas otras formas. Si no cambia
la atmósfera en que vivimos el problema no va a desaparecer.
–A partir del femicidio de Micaela, en el Senado quieren
aprobar una ley para impedir que violadores accedan a la libertad condicional.
–Uno de los países que tienen una de las penas más severas
contra la violación es Estados Unidos y es uno de los países donde la
incidencia de la violación es máxima. Eso significa que estamos yendo por el
camino equivocado. Es decir, el punitivismo no es el camino. Eugenio Zaffaroni,
a quien respeto mucho y presentó un libro mío en 2015, como muchos otros, no
consiguen entender el tema de la violencia de género.
Como los punitivistas,
piensa que el agresor está en el campo de lo sexual. Unos se corren al punitivismo
extremo y otros a la indulgencia extrema. Nosotras, las feministas, las
estudiosas del tema, sabemos que en una violación no hay una relación sexual:
hay deseo de control, de apropiación. El órgano sexual masculino entra como un
arma para destruir. Es indispensable para el hombre ser hombre por la necesidad
de ser un ser humano viril. Tiene que demostrar su capacidad de control y
secuestro sobre el cuerpo de la mujer. Por lo general se consigue por otros
medios que no son criminales. El violador se rinde ante un mandato de
masculinidad que le exige un gesto extremo aniquilador de otro ser para verse
como un hombre, para sentirse potente, para verse en el espejo y pensar que
merece el título de la hombría.
El interés del violador es la potencia y su
exhibición frente a otros hombres para valer como un hombre. Hay que hablar más
del tema, sobre qué es una agresión sexual, qué es una agresión íntima en el
mundo de las relaciones de pareja, qué es una violación anónima, en la calle,
como le sucedió a Micaela, y qué es una violación en la guerra: cada vez más la
violación es un arma de guerra. Si no se comprende qué papel tiene la violación
y la masacre de mujeres en el mundo actual, no vamos a encontrar soluciones. No
hay recetas fáciles.
–Existe la creencia generalizada de que la reincidencia es
ineludible en el caso del violador.
–Es obligatorio pensar que todo ser humano puede cambiar. Es
muy difícil a veces. Hay que dar las condiciones para que lo pueda hacer,
condiciones que no están dadas en la actualidad.
** La negrita y el subrayado me pertenencen.-
Por: Mariana Carbajal. Página 12 - 16/04/2017
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